Verdades Verdaderas: Capitulo II.

“Las Mujeres deben ser madres y formar una familia para sentirse realizadas”.

Falso.

Decir que la realidad existente a la fecha no es compleja y diferente a la de una veintena de años atrás, sería caer en un reduccionismo aberrante.  Justamente nos encontramos en pleno siglo XXI, donde se han ampliado enormemente los derechos a las mujeres. No digo que quieran parecerse a los hombres o superarlos, sino más bien ser reconocidas como tales en sociedad, respetadas y oídas, en un plácido ambiente de equidad de género.

En ésta circunstancia, podemos visualizar que la mentalidad femenina ha modificado sus estándares tradicionales, y se ha ampliado tanto como sus derechos. Hoy ya no se concibe a la mujer como ama de casa, que solo tiene a su cargo el cuidado de los hijos, de su hogar y de atender como corresponde a su  marido, encargándose exclusivamente de los quehaceres domésticos como un autómata. En la actualidad, los horizontes femeninos son tan diversos que no podemos terminar de enumerarlos. La realización personal de una mujer, escala a otro nivel: ahora le importa mas desarrollar otro tipo de potencialidades profesionales, empoderándose en todos los aspectos, ejerciendo sus libertades,  trabajando y satisfaciendo sus propias necesidades para no tener que depender de su marido económicamente. Las mujeres han descubierto una nueva era, en la cual alcanzar su propia independencia es una meta realizable en el mediano o corto plazo, dependiendo de cada una. Ya no más quedarse en la casa a esperar que las cosas sucedan por sí solas o como lo quiera su marido. Ahora tienen voz propia, se capacitan, explotan y exploran otros caminos y forjan su propio destino.

El ser madres ya no es una prioridad: hay mujeres que no lo planean en el corto plazo, quizás si en un futuro cuando hayan alcanzado todo lo que se habían propuesto lograr como metas personales y profesionales. Ya sea formar una familia con un marido, con una esposa, o solas, porque ya no se necesita de un hombre para ser madres y sentirse plenas consigo mismas. Todo dependerá de lo que realmente las haga felices.

Como contracara a esto, están las otras mujeres que nunca se imaginaron tener hijos porque no quieren, porque nunca lo planearon, porque no se sienten madres. Algo que es tan natural como querer serlo. Y está perfecto que se piensen una vida en la cual no quieran hijos, o marido, o familia. Cada una organiza y administra su vida como quiere, dentro de sus libertades e idiosincrasia. Y nada ni nadie puede juzgarlas por ello, ya que no son ni más ni menos mujeres por tal motivo. Simplemente es una manifestación más del uso pleno que hacen de sus derechos y de su libertad para poder decidir al respecto.

#Historia. ♥Blanca.

Blanca es una chica de 31 años, soltera. Estudió y trabajó desde muy chica, su sueño es ser una profesional exitosa. En la actualidad es Gerente en una Financiera, y a la vez estudia Contabilidad. A parte es Gestora y voluntaria en un comedor vecinal. Vive sola en un departamento en Las Cañitas en Capital Federal. Ella es del interior, oriunda de la provincia de Córdoba, de Río Cuarto, aceptó la invitación de su tía Nora para irse a vivir con ella y se fue para la Ciudad de la Furia, porque sabía que allí podría lograr sus objetivos.

Como cada Navidad, viajaba a su ciudad para visitar a su familia y reunirse con todos en las fiestas.

Fué así que se encontró con sus ex vecinos, amigos, con sus tíos, sus padres y hermanos. En plena cena de Navidad, todos reunidos en torno a la mesa, contándose sus anécdotas, como les fué en el año en sus trabajos y eventos sociales, las pérdidas que tuvo la familia, etc. En medio de todo ese contexto surge esta charla:

—¡Es increíble el vació que nos dejo el tío, se fue así de un día para el otro, no pudimos ni despedirnos!—se lamenta Noelia, la prima de Blanca.

—¡Tenía cáncer, lo consumió tan rápido!. Aún recuerdo cuando nos conocimos en ese recital de la Mona Giménez. ¡¡Cuántos recuerdos!!…—decía entre sollozos Marta, la mujer del difunto.

—¡Yo me enteré por mamá que llamó para avisarme!, pero se me complicó para venir, tuve mucho trabajo. Con la crisis que hay, todo el mundo sacando créditos para pagar las deudas, endeudándose aun más—acota Blanca.

¿Y vos Blanquita, cómo estás?. ¡Tenés novio me imagino!. ¿Lo dejaste en la gran ciudad?—pregunta retóricamente Gladys, la segunda esposa de su tío José.

—¡No, la verdad que nó!. No tengo tiempo para nada. Estoy feliz, trabajo de lo que me gusta, estudio una carrera hermosa, no tengo que pedirle más a la vida—expresa Blanca.

—¡Pero Blanquita, ya tenés 31 años, se te va ir el tiempo para ser madre!, ¿no pensás formar una familia?. Mirá que después va a ser tarde, si no te ponés las pilas ahora—insiste Gladys.

A ver tía Gladys, ¿en dónde leíste vos esa regla la cual me obliga a mi a ser madre y crear una familia llegado determinado tiempo o edad?. Porque yo la verdad la desconozco. Y mirá que me manejo con cierta legislación diariamente—responde Blanca irónicamente.

—¡Bueno Blanquita no te lo digo literal, pero las mujeres tenemos un reloj biológico que nos indica el deseo de ser madres llegada cierta edad!. A mi me ocurrió y yo tampoco quería tener hijos aún, y fué a los 28, el momento mas feliz de mi vida, cuando nació mi Benjamín—recuerda amorosamente Gladys.

Gladys, ¡Blanca no quiere tener hijos!, no le gustan los chicos. Es su vida y es libre de vivirla como ella quiera—expresa la mamá de Blanca.

—¡Me parece genial tía y estoy feliz por vos!, pero que te pase a vos o a otras mujeres no significa que sea regla general para todas. Yo no quiero tener hijos,  me siento muy feliz con mi vida como la estoy viviendo, no dependo de nada ni de nadie para ser feliz o sentirme realizada como mujer más que de mí misma. Y ese reloj biológico del cual haces referencia, sinceramente a mis 31 años, o se quedó sin pilas o simplemente no lo tengo.  Soy feliz como estoy. Amo mi vida así. No pido mas—dice entre risas Blanca.

—¡Eso decís porque no te enamoraste todavía querida sobrina!. El día que encuentres tu hombre ideal vas a ver como cambias de idea—asegura Gladys.

Tía, me enamoré miles de veces, todos fueron mis hombres ideales para cada momento de mi vida, me rompieron el corazón de todas las formas posibles, y acá estoy firme. Y ni sintiéndome tan amada como lo fuí, ni estando en la mayor plenitud con mis parejas, me surgió la idea de ser madre. Yo creo que las personas grandes no entienden a las nuevas generaciones. ¡Hoy día tenemos otras prioridades más que casarnos y tener hijos,  esto pasó de ser una obligación autoimpuesta socialmente a ser una opción, si querés lo haces y si no, nó!. Nadie te va a criticar o cuestionar por eso. Son decisiones de vida—concluye Blanca.

—¡Sí esta bien!. Yo a tu edad estaba embarazada de Cristian. Me quedaba en casa, limpiando, cocinando, para que cuando llegara el papá de los chicos tuviera la comida lista. Quería estudiar medicina, pero justo en ese momento estaba esperándolo a Benja así que lo fui postergando y hoy con 62 años, es casi imposible ya—lamenta Gladys.

—¡Tendríamos doctora gratis si te recibías!—acota el Tío José, provocando la risa de todos, quienes venían siguiendo la charla entre Blanca y Gladys atentamente.

—¡Bueno pero tuviste tus hijos, eso también es un logro para vos!. Cada una administra su vida como mejor le parece, y no está mal que sea en contra de lo que el común de la gente o la gente más tradicional, piense—reflexiona Blanca.

Esa noche después de cenar y de brindar por la celebración de la Navidad, Gladys y su marido se fueron a su casa. Gladys quedó pensando en la charla que tuvo con Blanca, y que nunca se había detenido a ver la vida desde la perspectiva que lo hacía ella y de lo diferente que hubiera sido su realidad si en vez de tener  hijos, se dedicaba en su lugar, a estudiar lo que tanto le gustó siempre, que era medicina.

—No era un impedimento absoluto tener a Benjamín y después empezar la facultad—se cuestionaba—quizás no fui lo suficientemente valiente como para arriesgarme. Pero bueno no me arrepiento de haber elegido, como dijo Blanca, es una elección de vida y nadie me va a juzgar por eso—dice convencida.

Blanca por su parte estuvo hablando con su madre, después de la cena:

Yo no la culpo a la tía, cada una es el resultado de lo que vivió, del contexto en el que se crió y desarrolló, de los valores con los que se formó.  Ojalá que a las generaciones venideras se les haga mas fácil elegir sin tener que padecer el dedo acusador social que cuestiona tus elecciones. Si sos feliz con lo que hacés, ¿no entiendo por qué cambiar?.¿Solo para satisfacer a ciertas personas que opinan distinto? Me parece sumamente injusto—afirma Blanca.

Hija, sos auténtica, estoy muy orgullosa de vos y siempre será así. Preocupate y ocupate por ser feliz como elijas, sin tener en consideración lo que te diga la gente. La vida es tuya, y nadie mejor que vos sabe lo que querés. ¡¡¡Te amo tanto hija!!!.—dice su madre cariñosamente, y se funden en un afectuoso abrazo.

Blanca se quedó en Rio Cuarto unos días más, hasta después de año nuevo. Visitó a sus amigos con los que compartió hermosos momentos. También asistió al casamiento de su prima Griselda, y acompañó a su otra amiga Sabrina, que había decidido ser madre soltera, a hacerse su primer ecografía.

El regreso a casa para Blanca fué angustioso, porque le duele vivir lejos de su familia, pero tenía tan lleno el corazón del amor recibido en Río Cuarto, que cerró los ojos y recordaba cada momento que disfrutó junto a sus seres queridos y de la charla que tuvo con la tía Gladys. Suspiró orgullosa de sí misma, sabiendo que a pesar de ser distintas ambas, cada una a su manera, era feliz y  nadie lo podía cambiar.

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